Una cierta ontología de la imagen: Pilar Villela y El Abismo

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Una selfie. Un cuadro de Da Vinci. Las meninas de Velázquez. La fachada de tu casa. Códices egipcios. Un sauce de cristal un chopo de agua. Escritura china. La cara de tu novia. Portadas de libros. Emmanuelle Riva amando en Japón.  El mantel de tu casa y las cortinas de la casa de tu madre y muchas imágenes que seguramente ya conoces no son el tema de esta exposición. Sino más bien la pregunta que las circunda.

En un lugar llamado Amor en el sur de la ciudad se presenta El Abismo de Pilar Villela. Al llegar al lugar veo un cubo blanco y por mis prejuicios pienso “¡No otra vez!, ¿No es acá un espacio alternativo?” sin embargo entro.

Veo flores, texto, espejos, luz y superposiciones de cartulinas en la pared. Me acerco al texto (Larguísimo para una exposición pero me encuentro con que no es un texto curatorial sino una parte de la obra). Se trata de la investigación sobre la prohibición de drogas por parte de los cristianos. Argumentando que te comunican con el diablo, es decir que se desbordan los marcos de representación de lo real hecho por Dios. Los espejos son circulares, flotan y tienen marcadas flores o plantas mientras una luz directa ilumina y estos refractan las plantas por el espacio.

Alguien se acerca a Pilar y le pregunta que de qué va la exposición. Ella responde: “Vean lo que hay y ya”. Cualquiera podría responder eso o no habría porque ahondar más en ello porque se supone que el arte uno lo debe ver para entenderlo o acercarse a lo que dice. Pero en el caso de Pilar no es una respuesta banal ni ingenua. Se trata de en verdad ver lo que hay porque la pieza parte de que no se ve lo que hay en el mundo como imagen. Decir que hay algo en principio es ya preguntarse por la conciencia del estar viendo.

Entre las cartulinas pegadas en superposiciones en la pared hay unas grises, negras y otras con plantas como ornamento. ¡Tú! Lector, ¿Cuál es tu ornamento favorito?, ¿Cuántos tipos de ornamento conoces? Entonces llega la pregunta sobre si el ornamento significa o no y en donde estamos viendo imágenes.

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Pilar sostendría que sí pero ya no es común leerlo. Es claro que a menos que por un interés profesional (diseño de interiores, historia del arte, etc… no se ven los ornamentos más que para señalar que son eso pero ya no significan.) La exposición gira entonces alrededor de hacer evidente las imágenes. Se presenta como un Collage tridimensional. Entonces al entrar al cubo blanco uno se convierte en imagen porque los espejos (las piezas) siempre lo sostienen a uno. Constantemente se producen imágenes de sitio específico. Porque no podemos ver la pieza-espejo en sí, sino siempre el objeto y uno o más espectadores.

El Intento de evidenciar el lugar desde donde surgen las imágenes para hacerlas consientes como eso: imágenes. En el mismo sentido Pilar apela en este evidenciar el carácter de imagen de las imágenes a algo que ella llama “Imágenes de segundo orden” o postproducidas, reapropiadas. Porque no se intenta mostrar el carácter poietico del arte, sino que mucho de lo que hay en el mundo es un “algo que se lee” y tiene un contexto de enunciación. Que las cosas pueden ser percibidas.

Aquí cobra sentido el artículo-pieza con el que inicia la exposición. Que la religión prohíba las drogas pone en juego el control sobre la percepción. ¿Qué tenemos derecho a ver?, ¿Y qué nos es común ver? Tal vez creemos entender las imágenes de la enumeración con la que empieza este texto pero sólo por una educación previa que nos ha enseñado a ver esas cosas con un sentido.

El asunto de El Abismo es la imagen en sus múltiples apariciones. Cuestionar con el juego las formas en que éstas nos son dadas. Pero al hablar de lo común puede que la exposición se tambaleé porque no hay una esfera autónoma desde donde se pueda ver imágenes en sí. No habría que olvidar que estamos dentro de una idiosincrasia y distinguimos lo que a ella le es propio.

Pilar me dijo que lo único que encuentra como imagen de lo común son los logos, las marcas. Pero son muy feas. Dice que ha trabajado con ellas pero no queda nada bien. Yo le quisiera preguntar a qué apela con todo esto. Decirle que ya no vemos los ornamentos porque nuestra preconcepción del mundo ya no es religiosa. Que no verlos es colaborar a que no se marque la jerarquía que imponen los sacerdotes con ellas. Son imágenes que no queremos leer. Pero tampoco los logos sin embargo lo que nos es más propio es la mercancía. Lo que hay es el flujo de capital que se mantiene como deseo en los Logos. Habría que negociar nuestros valores.

Finalmente no creo que toda imagen signifique en sí. Si son producidas y hacerlo evidente es sólo una forma –quizá marxista– de leerlas y significar imágenes es una forma particular de producir valor. Lo común me suena muy antojable pero muy lejano.  También es cierto que la exposición es sólo una muestra de un proyecto de 10 años que aún no se da por cerrado. Y que yo ignoro por lo que este pequeño texto es muy descontextualizado. Pero creo que hay algo que seguir pensando. Así como Pilar que sigue viendo imágenes, hablando y buscando lo común. Es posible que eso la lleve a un abismo quizá tan trágico como la izquierda en política.

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